La fuerza de voluntad no existe

¿pero como que no existe la fuerza de voluntad si es lo que uso cada día para hacer “lo que tengo que hacer”?

Estefanía Dans Rodríguez

Estefanía Dans

Tania Luaces

Tania Luaces

Puede que tú que nos estás leyendo estés pensando ¿pero cómo que no existe la fuerza de voluntad si es lo que uso cada día para hacer “lo que tengo que hacer”?

Y precisamente esa es la pregunta que queremos que te hagas y te respondas de manera sincera ¿Cuál es la razón por la que decides cada día levantarte?

Cada uno llegará a una conclusión diferente y algunos no sabrán muy bien definir esa “razón”, pero en cualquiera de los casos, esta reflexión nos lleva a centrarnos en lo realmente interesante: las motivaciones.

A lo mejor ahora sí que estás viendo por dónde íbamos con el título del post,.. la fuerza de voluntad no existe porque no es suficiente en sí misma para que consigamos nada, lo que necesitamos tener son motivos que nos empujen de cara a un objetivo.

Como seres humanos, nuestros recursos son limitados, no te dejes engañar, nadie puede mantener 24 horas de atención plena por ejemplo y por descontado que nadie tiene energía ilimitada, aunque a veces en Instagram parezca lo contrario ; ). Hacia dónde van nuestros recursos y capacidades están muy influidos además de por nuestro entorno, por las personas que nos rodean, por nuestras cargas laborales o nuestras responsabilidades familiares.

Todos estos aspectos nos dejan claro que cuando nos proponemos introducir un cambio de un hábito (como puede ser mejorar nuestra alimentación) , la fuerza de voluntad no manda, la que dirige nuestra activación es una mezcla de motivación y ambiente.

Todos tomamos decisiones y nos comportamos guiados por nuestra relación con el medio que nos rodea y en función de cómo nos encontramos en ese momento preciso.

Cuando, después de intentar hacer un cambio de hábitos, pasa el tiempo y miramos atrás, sobre todo si los resultados de lo que ha ocurrido no son los que esperábamos, buscamos una explicación que encaje con la decisión tomada para darle coherencia a algo que parece no tenerla y así vamos avanzando entre los intentos y las frustraciones y culpándonos por no tener “la fuerza de voluntad suficiente” para conseguir esos objetivos que tanto nos gustaría alcanzar.

Por todo esto, si te planteas empezar de nuevo a recorrer el camino del cambio de hábitos en tu alimentación (o en cualquier otra faceta de tu vida) , aquí te dejamos alguna pista de cómo puedes mejorar el proceso para que los resultados sean diferentes esta vez:

  1. Analiza a las personas que te rodean y sus opiniones para ver si son motor o freno en tu viaje. Intenta que tu círculo sea de personas que suman energía y no de aquéllas que parece que siempre te están poniendo trabas.
  2. Diseña un entorno facilitador recordando que tenemos tendencia a realizar las acciones más sencillas y cómodas (si quieres comer sano en la oficina, deja el tupper preparado la noche anterior/ si quieres reducir tu consumo de refrescos no los tengas en casa).
  3. Toma decisiones que conlleven una recompensa no muy lejana en el tiempo. Si nos ponemos objetivos a muy largo plazo es difícil mantener la motivación en el tiempo. Por ello puedes dividir tu gran objetivo en otros más pequeños que puedas ir alcanzando relativamente pronto para ir teniendo pequeñas recompensas frecuentes. Por ejemplo, si me planteo que mi objetivo es comer bien (inespecífico y a largo plazo) me resultará más útil plantear objetivos pequeños y concretos como “cambiar de pan blanco a pan integral”, “comer todos los días al menos 1 pieza de fruta”, “reducir los refrescos a 2 a la semana”,…
  4. Al hilo del punto anterior, plantea intenciones para ir introduciendo en el futuro de manera progresiva.
  5. Introduce pequeñas limitaciones que te ayuden a mejorar el disfrute del momento sin que impliquen obligaciones, prohibiciones o “deberías”.
  6. Comparte tus ideas con amigos, familiares, mentores, profesionales,.. para obtener feedback ¿hay algo que podrías mejorar?
  7. ¡Rodéate de apoyo! Como seres sociales que somos, modificamos nuestras actuaciones en presencia de otras personas, así que una opción que puede que te ayude es realizar este viaje acompañado (si quieres comer mejor, implica a tu familia y que sea un cambio que hagáis entre todos/ si quieres empezar a ir al gimnasio busca a una amiga que también se quiera apuntar,…)

Y recuerda que si permaneces en la frustración tras varios intentos, puedes contactar con nosotras y desde el servicio de psiconutrición, podemos ayudarte a indagar, reconocer y observar los factores que te están impidiendo que avances. ¡Siempre es posible!