Seguro que a muchos os suena la frase:

“No empieces una dieta que acabará algún día, comienza un estilo de vida que dure para siempre”

Esta frase resume lo que hoy os queremos explicar en este post.

Durante mucho tiempo el enfoque utilizado para bajar de peso era hacer una “dieta” en la cual básicamente solo comías alimentos tipo lechuga sin aliñar, pollo a la plancha, fiambre de pavo y leche desnatada. Daba igual cuales fueran tu hábitos previos, tus horarios, tu situación económica o la actividad física que hicieras, al final todo el mundo hacía exactamente lo mismo. Esas pautas de alimentación tan rígidas y aburridas hacían que el 99% de las personas que iniciaban la dieta la abandonaran al cabo del tiempo, recuperando el peso perdido y muchas veces con algún kilo a mayores.

Esto ha ido cambiando con el tiempo y ahora, si visitas a un dietista-nutricionista actualizado, lo más probable es que te proponga una estrategia diferente en la que partiendo de tu estilo de vida actual se vayan incorporando nuevos hábitos saludables que puedas mantener toda la vida. Esos cambios progresivos tendrán como consecuencia que el peso acabe bajando. Con este nuevo enfoque, las consultas de nutrición dejan de girar en torno al número de la báscula, y se enfocan en cómo alcanzar diferentes objetivos y estrategias para evaluar tu progreso.

Este cambio hace que gran parte del trabajo de los D-N se base en la reeducación alimentaria del paciente, enseñándole a leer el etiquetado de los alimentos, proponiéndole nuevas recetas y ofreciéndole estrategias para ayudar con problemas habituales como la falta de tiempo o de ideas en la cocina.

Pero ¿cuáles son las principales diferencias entre el enfoque tradicional de dieta y el cambio de hábitos?

  • Temporalidad: las dietas tradicionales tienen fecha de inicio y de fin. Seguro que en alguna ocasión has oído a alguien decir una frase tipo: “el lunes empiezo la dieta”. El punto final de estas dietas lo marca el abandono de la misma por aburrimiento o por incompatibilidad total con el paciente.
  • Progresión: cuando planteamos un cambio de hábitos lo primero es evaluar el punto de partida y a partir de ahí empezar a trabajar los cambios poco a poco para poder incorporar los nuevos hábitos a nuestra rutina diaria.
  • Personalización: las dietas tradicionales siguen siempre el mismo esquema independientemente de como sea la persona que la va a llevar a cabo. Todos hacen lo mismo, no se adapta ni se individualiza.
  • Adherencia: el fracaso en las dietas tradicionales es de casi el 100% porque son imposibles de mantener en el tiempo. Una vez que abandonamos la dieta y volvemos a los hábitos previos, el peso perdido volverá.
  • Báscula: en el proceso de cambiar de hábitos la cifra que marca la báscula pasa a un segundo plano. Contaremos con diferentes estrategias y objetivos que nos ayudarán a evaluar como vamos avanzando en nuestro proceso.
  • Velocidad: las dietas tradicionales prometen una bajada de peso rápida pero lo que nunca té dicen es que el peso igual de rápido que baja va a volver a subir. Con el enfoque de la reeducación alimentaria, la bajada de peso será progresiva y siempre como consecuencia de cambiar hábitos.


Por ello si quieres mejorar tu salud a través de cambios en tu alimentación y estilo de vida, busca siempre que esos cambios los puedas mantener a largo plazo.

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